El huracán de la gratuidad y la nueva bancada de rectores

Por Jaime Retamal/Facultad de Humanidades de la Usach

Peña, Beyer y William son verdaderos mosqueteros, que las han emprendido esta última semana con una estrategia comunicacional fina, culpan de todos los males de la “galaxia educación superior” a la gratuidad. Sin ir más lejos, el rector de la UDP lanzó “su precio” sobre la mesa: morimos con nuestro loable y republicano proyecto universitario o conseguimos –lo lanzó como idea- algún programa de gratuidad financiado con cargo a rentas generales. Notable.

El mercado de las universidades privadas se está moviendo de manera muy inteligente. La última noticia es que han logrado constituir una verdadera bancada de poderosos rectores: Carlos Peña en la Universidad Diego Portales, Carlos Williamson en la Universidad San Sebastián y Harald Beyer en la Universidad Adolfo Ibañez. Los tres de de fuerte tonelaje, con un poderoso imán y con amplias redes, tanto en el mundo empresarial como en el futuro gobierno del presidente Sebastián Piñera (sobre todo en el Ministerio de Hacienda) y qué decir, en los medios de comunicación más influyentes de estas élites nacionales.

La pluma de Peña, los análisis de Beyer y la pasión misionera de Williamson forman una mixtura que al mercado de los rectores de las universidades privadas les faltaba. Juntos, son dinamita.

Estos verdaderos mosqueteros las han emprendido esta última semana con una estrategia comunicacional fina en contra de lo que podríamos denominar el “huracán gratuidad”. Culpan de todos los males de la “galaxia educación superior” a esta iniciativa que se acaba de aprobar y sin ir más lejos, Peña aprovechó la oportunidad para lanzar “su precio” sobre la mesa: morimos con nuestro loable y republicano proyecto universitario o conseguimos –lo lanzó como idea- algún programa de gratuidad financiado con cargo a rentas generales (La Segunda, 2 de febrero). Notable.

Notable sería para el Presidente Piñera tener en el bolsillo a una pluma dominical siempre molesta, pero también sería notable que el futuro Mandatario lograse controlar a todas esas universidades que se autodenominan, como dice Williamson, “universidades con probada vocación pública”.

A las públicas ya las dejó tranquilas la Presidenta Michelle Bachelet. Nada mejor que no tener frentes en las batallas de la educación superior y dejarlos a todos contentos.

A propósito y sin ir más lejor, es decir, recién ahora, el 27 de enero en El Mercurio, el nuevo rector de la USS argumentó furibundo -es su estilo- que la nueva Ley de Educación Superior es una “política pública muy injusta”, porque no sólo instaura la gratuidad hasta el sexto decil, sino que además “define una institucionalidad para el traspaso de los recursos públicos que causará importantes déficits para las universidades adscritas”.

Williamson llama a eso, con tono severo y trágico, “el golpe financiero de la gratuidad”.

Las universidades privadas con “vocación” pública, ese es el punto, quieren, desean y aspiran al billetón que viene del Estado. Les da estabilidad financiera en cuanto mercado y es normal que lo quieran. Lo que no es normal es el discurso enrevesado que articulan y que ponemos de manifiesto. Es hasta jocoso.

Haciéndose las victimas del “huracán de la operación gratuidad” no van a llegar muy legos en la opinión pública.

Al mismo tiempo que lograrán el apoyo de esos cientos de padres con hijos en condición de gratuidad que aspiran a esas nobles universidades, quedarán –para el resto de la opinión pública- al descubierto en sus singulares deliberaciones argumentativas. Si se sigue el color del dinero, se entiende el atolladero. Punto. Es un mercado y es normal que así sea: es lo que el dinero sí puede comprar. El resto es poesía.

Y bueno… el 30 de enero, también por El Mercurio, el rector de la UAI en compañía de Loreto Cox del CEP se esmeraban en proponer, en vez del “huracán gratuidad”, un esquema alternativo de financiamiento que cubra docencia, investigación y desarrollo de las universidades privadas. Así no más, nada menos.

La mesa está servida para Sebastián Piñera y tiene mucho por donde jugar. Este tipo de lloriqueo por la prensa él lo entiende muy bien y sabrá articular en su minuto –cuando tenga en el bolsillo a esta bancada- un hermoso discurso de oportunidades educativas para todas y todos los jóvenes de nuestro país, que también, por cierto, todos elegantemente entenderemos como un acuerdo entre caballeros. ¡ Chapeau ! Punto para los tres mosqueteros

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