Jaime Quintana, senador PPD: “La línea divisoria entre la colaboración y el entreguismo con Piñera es muy delgada”

Fue presidente del PPD durante la primera etapa del gobierno de Michelle Bachelet, período en que acuñó el concepto de “retroexcavadora”, el mismo que aún defiende con fuerza. Concluida la primera semana de Sebastián Piñera en La Moneda, el senador Jaime Quintana afirma que hay que dejar claro el tono y carácter de la nueva oposición.

¿Cómo enfrentará la ex Nueva Mayoría su rol opositor?

La Nueva Mayoría ya no existe, ese no es un misterio. La tarea de la centroizquierda es definir bien cuál va a ser el tono y el carácter de esa nueva oposición. Un carácter que debe ser no confrontacional, sino de colaboración, propuestas y diálogo, sin lugar a dudas, pero teniendo muy claro cuáles son nuestras líneas de retroceso, convicciones y lo que hemos avanzado, especialmente en el gobierno de la Presidenta Bachelet.

Los diputados DC presentaron un proyecto para generar acuerdos con el gobierno. ¿Cómo interpreta esa señal?

No es la que hemos estado pensando en el Senado, donde la DC, el PPD y el PS tienen una representación fuerte y hemos concordado que nuestra relación con el Ejecutivo tiene que ser institucional. Nos parece que este mensaje que el Presidente Piñera le entregó a su gabinete, donde se dice que salgan a captar los votos, como si los votos estuvieran dando vueltas en un mercado… , creemos que la relación debe ser distinta. Por supuesto que va a haber temas en que vamos a poder concordar y avanzar más rápido, probablemente en infancia, y digo probablemente porque es difícil pensar en un acuerdo nacional cuando se dice que el proyecto que presentó tu Presidenta ya no sirve y lo vamos a tirar al picador. Avanzar en acuerdos significa escuchar las distintas propuestas y, en ese sentido, me parece bien la actitud del Frente Amplio de pedir detalles antes de abrir los brazos a los grandes acuerdos.

¿Hay riesgo de que Piñera consiga los votos de la oposición de a uno?

El no a la captura de los votos fue algo que se abordó en la reunión de senadores el martes de manera transversal, y por eso lo mejor es el diálogo institucional. Nos parece bien el llamado que ha hecho el Presidente a la unidad, pero como su gobierno anterior estuvo plagado de letra chica, es preciso también conocer cuáles son los elementos concretos. Por eso no puedo aceptar que me digan ‘sabe qué, la nueva Constitución no va o el proyecto de la infancia vulnerada se va al archivador’. Si aquí lo que está planteando el Presidente Piñera es un acuerdo nacional desde el borrón y cuenta nueva, le quiero decir que eso va a fracasar rotundamente.

¿Qué resguardos tiene que tomar la centroizquierda en el marco de la colaboración con el gobierno?

Tenemos que aprovechar la diversidad que tenemos en el Parlamento en forma conjunta y no cada uno por su cuenta. Esa diversidad, que va de Florcita Motuda a Manuel Matta en la Cámara y desde Juan Ignacio Latorre hasta Carolina Goic en el Senado, es una oportunidad y puede ser un dolor de cabeza para Piñera. (Pero) hay que ser cuidadoso, porque la línea divisoria entre la colaboración y el entreguismo (con Piñera) es muy delgada, a veces imperceptible, y uno sin querer puede terminar abandonando sus convicciones, por eso debe ser un diálogo institucional.

¿Cómo están mirando el fallo del TC sobre los proyectos de Ley de Educación Superior y de universidades estatales de Bachelet?

Vamos a estar muy atentos a lo que ocurre en los próximos días en el Tribunal Constitucional. Ahí no puede haber retroceso, y cómo se pare el gobierno frente a esa eventual resolución adversa -según ha trascendido- es la prueba de fuego que tiene el Presidente Piñera. Sería peligroso para el país un nuevo caso como el Sernac. No me imagino a lo que fue la Nueva Mayoría permitiendo que vuelva el lucro al sistema educativo, eso no lo podemos tolerar.

¿Qué esperan de Piñera ante ese fallo?

Lo básico es respetar al Parlamento. Lo que esperaría si hay un fallo adverso, que termina cercenando facultades de la superintendencia, por ejemplo, reponiendo el lucro, y dado que hubo acuerdo con los senadores de la antigua oposición y también en la Cámara, es que el Presidente insistiera por la vía legislativa en esas materias que pudieran caerse.

Usted representa a La Araucanía, donde Piñera espera alcanzar uno de los acuerdos nacionales. ¿Cuánto se puede avanzar?

Muchos de esos temas tienen que ver con reformas que van a estar en el ámbito judicial. He leído distintas señales que ha enviado el ministro de Justicia, Hernán Larraín, que es una persona criteriosa, con un sentido de la justicia bien asentado, y espero que se generen las condiciones para acuerdos. Pero si aquí se va a insistir en una Ley Antiterrorista que vulnere preceptos internacionales, que se salte las normas del debido proceso, no vamos a tener acuerdos.

Chadwick esta semana puso freno a la nueva Constitución, dijo que esto “no es un juego”.

No puede ser que alguien (Chadwick) pretenda que Icare sea la cancha en torno a la cual se construyen los grandes acuerdos. Concuerdo en que la nueva Constitución no es un juego y lo que presentó la Presidenta Bachelet no es un capricho, es una Constitución que tampoco está en la línea de Ecuador ni Bolivia, para que nadie se ponga nervioso. Está en la línea de las constituciones europeas. Para nosotros, como Nueva Mayoría, desechar ese ejercicio no es una cosa tan simple. Fue uno de los mayores ejercicios de participación ciudadana y tenemos un gran problema como Nueva Mayoría, porque tenemos que explicarles a esas 215 mil personas que sus opiniones hoy día no importan.

¿Fue una mala señal que Chadwick abordara los acuerdos nacionales en Icare?

No es la mejor señal, justo en la semana que se está hablando de los acuerdos. Me merece el mayor de los respetos el empresariado chileno, pero Icare no es la mejor radiografía de Chile en su conjunto, no sé si sea la instancia para entregar una señal política sensible a la oposición, que tiene mayoría en ambas cámaras y con la cual se pretende llegar a acuerdos.

¿Considerando la hegemonía de la ex Nueva Mayoría en el Senado y la mayoría de la centroizquierda en la Cámara, es posible trazar agendas legislativas propias?

Una cosa es que la Presidencia tenga el manejo de las urgencias, pero eso no significa que las comisiones se van a quedar de brazos cruzados. Y si un ministro o el comité político decide no usar la vía legislativa y optar por la potestad reglamentaria, en eso vamos a tener que estar atentos. Si el gobierno no quiere poner urgencias tendremos que trabajar nuestros propios proyectos. Vamos a trabajar, en el Senado al menos, en nuestra propia agenda, temas como las migraciones, infancia.

Usted acuñó el término de la “retroexcavadora” durante la administración de Bachelet. ¿Cuánto afectó eso al gobierno?

Las frases no son lo suficientemente fuertes para construir realidades. Creo que construimos en el gobierno elementos para ir atenuando la profunda desigualdad que tenemos y la Presidenta en ese sentido cumplió. Con el paso del tiempo el juicio ciudadano del gobierno va a ser mucho más benevolente. Esa frase era demasiado clara, por eso a veces me sorprende el abuso que se hace de ella.

Desde el PPD lo reprocharon por ese concepto. ¿No se arrepiente de no haberla explicado mejor?

Lo que pretendíamos hacer era un cambio de paradigma. La Presidenta lo dijo con todas sus letras: vamos a hacer un cambio de paradigma en la educación. ¿Cuál es la diferencia entre un cambio de paradigma y una retroexcavadora? El ministro Blumel en estos días ha señalado que ellos vienen a construir el segundo piso de la casa, yo me alegro que reconozcan que Bachelet construyó el primer piso. Pero hay que saber con qué materiales vienen a construir, porque una casa con un primer piso de cemento y un segundo piso de adobe, puede que no llegue al próximo invierno.

Piñera y Blumel aludieron a la retroexcavadora para señalar que ellos no venían con ese espíritu.

Hay sectores en este país, los mismos que se juntan en Icare, a los que esa frase les incomoda, y que el solo hecho de pensar en remover en alguna medida los pilares del modelo neoliberal de Pinochet les inquieta. Cuando expresé esa frase, nunca he recibido una sola queja de la gente que lo pasa mal, que no tiene vivienda, que tiene problemas de agua potable.

La comisión política del PPD determinó que los militantes tengan preferencia para asumir cargos. Eso, en momentos en que usted, Harboe (PPD) y Araya (independiente) son opciones para ocupar los dos años en que el partido tendrá la presidencia del Senado. ¿Es importante ese criterio?

Es importante. El rol que cumplen los independientes es muy valioso, tengo un profundo respeto por Pedro Araya, él ha fijado posiciones muy significativas, pero hubo una recomendación de la comisión política de que sus senadores prioricen a quienes tienen alguna trayectoria como militantes. Pero fue una recomendación, la decisión la tomará el conjunto de la bancada, incluido Pedro Araya.

¿Cómo se puede reformular el PPD tras la dura derrota electoral?

El partido debe definir cuál va a ser su domicilio doctrinario y en ese contexto puede ser la caja que albergue el legado de Bachelet, ¿por qué no? También miradas socialdemócratas, de izquierda tradicional y también liberales progresistas. Hay que definir la política de alianza en los próximos meses y ¿por qué no pensar también en un cambio de nombre?

¿A qué tipo de persona le gustaría ver a cargo del PPD?

Veo nombres que podrían tener un muy buen desempeño que nunca han sido presidentes, que les importa lo que ocurra con su partido y con la centroizquierda. En ese sentido, creo que la experiencia de Heraldo Muñoz podría ser muy importante, de la misma manera la contribución que pudiera hacer un Ricardo Lagos Weber y otros nombres que pudieran surgir.

¿Sería sano que hubiera competencia esta vez por la mesa?

No hay que eludir la competencia, nos puede ayudar a superar estos momentos complejos.

¿Y hay posibilidades de que usted llegue a la mesa?

En este momento no está en mis planes.

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