Tres días después

Por Héctor Soto/ Abogado

Alarmado por las encuestas, el gobierno necesitaba cambiar la agenda y dar un golpe de autoridad. Pero el ajuste ministerial no despega por sí solas las conjeturas de la tribu ni tampoco las incertidumbres del horizonte.


Fue un miniajuste de gabinete y, tres días después de realizado, cuando ya ha sido posible estrujar los rumores, verificar las teorías, corregir las interpretaciones y saldar las resacas, podrían instalarse las siguientes observaciones:

1. La mecha del ajuste la encendió el deterioro de la aprobación presidencial que mostraron las encuestas. Los 11 puntos de caída entre un mes y otro, según Criteria, y los 10 puntos de Cadem, fueron un golpe muy sorpresivo y contundente que La Moneda, no es para menos, recibió con consternación. Algo había que hacer y el Presidente, después de evaluar sus márgenes de acción, optó finalmente por aquello que hasta aquí se había resistido a realizar: despedir al ministro de Educación, Gerardo Varela.

2. Mucho más que el desempeño del ministro, que estaba siendo bien evaluado dentro y fuera del ministerio, su imagen pública y sus declaraciones estaban comprometiendo las percepciones sobre el gobierno (los ministros están evaluados muy por debajo del Presidente) y dañando la propia popularidad del Mandatario. Con el pragmatismo que lo caracteriza, el Presidente debe haberse recriminado el jueves de no haber hecho el cambio antes, cuando el ministro sorprendió a la cátedra con su desafortunada alusión a los bingos como alternativa de solución a los problemas de infraestructura de las escuelas y colegios.

3. El nombramiento de Gerardo Varela -un tipo inteligente, un abogado acreditado y un columnista especialmente divertido y sagaz- fue una apuesta personal de Piñera que se frustró. Siendo una figura que conectaba muy bien con la élite más modernizada de la derecha, no era ni el interlocutor más calificado ni tampoco el rostro más popular para darle credibilidad al compromiso del gobierno con la calidad de la educación, y de la educación pública en especial. Fue poco lo que consiguió transmitir el ministro a este respecto, en gran parte porque para los medios era antes el hombre que proveía cuñas incorrectas que la voz encargada de marcar el rumbo hacia donde el gobierno quiere avanzar en este campo.

4. La nueva ministra de Educación, Marcela Cubillos, tiene amplia experiencia política, sobrados conocimientos del área en términos de política pública y gran temple de carácter. Su tarea será sacar a la cartera de un nicho muy desgastador y anecdótico -el de la farándula política, el de las curiosidades verbales- y ponerla a la altura de la prioridad que el Presidente le asigna

5. Alejandra Pérez no salió de Cultura por el empellón que significaron las encuestas. De hecho, estaba entre los ministros mejor evaluados en los sondeos. Salió porque su desempeño fue mirado con sospecha en partidos del oficialismo y porque no alcanzó a instalar con claridad las prioridades de su cartera, al menos en la discusión pública. La reemplaza Mauricio Rojas, un historiador que en el exilio recorrió un largo camino de reconversión intelectual. Llegó después del golpe a Suecia como mirista, se fue distanciando gradualmente del marxismo en su vida académica y terminó abrazando las ideas liberales. Entremedio fue diputado del Partido Liberal sueco y bastante después de esa experiencia reanudó sus contactos con Chile. En la campaña pasada entró al entorno de Sebastián Piñera y desde marzo estaba a cargo de la Unidad de Contenidos y Estrategia del segundo piso. Ahora, por primera vez, deberá enfrentar temas de gestión, lo que es un desafío arduo para él. Siendo un intelectual combativo y respetado, no es una figura que tenga grandes redes en ese bosque un tanto terrorífico que se llama el mundo de la cultura.

6. En Medio Ambiente el Presidente nombró a Carolina Schmidt, una carta ya probada en su primera administración y que se estaba desempeñando en un alto cargo ejecutivo en la empresa editorial propietaria de este diario. La nueva ministra, aparte de conocer bien el desafío que significa integrar el gabinete, es una mujer sensible, con buenas antenas y de enorme capacidad de trabajo, atributos que su cartera ahora más que nunca está requiriendo.

El miniajuste deja sensaciones encontradas. No solo por los errores de setting: impuntualidad, referencias a una subsecretaria que seguía en funciones, discurso presidencial largo y desconectado con el acto. También porque fueron los temas económicos -el desfase entre buenas cifras macro con las del empleo y el consumo, la incertidumbre sobre las transformaciones que el gobierno piensa hacer- los que más se habían comentado antes y no hubo cambio alguno en los equipos del área. El Presidente renovó su confianza en ellos, porque considera que lo han hecho bien, y reiteró su compromiso con el crecimiento. Pero pareciera haberse llegado a un punto donde el empresariado e incluso la coalición oficialista se preguntan si, al margen de la recuperación del dinamismo de la economía que se ha visto en los últimos meses, la agenda gubernativa contempla transformaciones más estructurales, que tienen que ver con impuestos, con modernización del Estado, con más espacios de acción para el sector privado y con una legislación laboral más a la altura de los tiempo. Esas preguntas, de momento, no tienen respuesta y el tema es fundamental, porque lo que está en duda es si esta administración logrará mover las agujas de la capacidad potencial de crecimiento del país.

Como a veces tampoco quedan muy claros en los demás ámbitos los objetivos finales de la acción del gobierno, significa que ahí hay un problema. Mucha iniciativa, mucho proyecto, mucho punto de prensa por una cosa o por otra en días de trabajo o fin de semana, pero poca narrativa que englobe todo eso en una carta de navegación. Hay que volver a las preguntas básicas. ¿Qué es lo que se busca? ¿Llegar al desarrollo? ¿Apañar a la clase media? ¿Cambiarles el pelo a los servicios que provee el Estado? ¿Subirnos al carro de la modernidad? ¿Apostar por un Chile más solidario? La ansiedad del Presidente diría que todas esas alternativas juntas y varias otras más. Prueba concluyente de que estamos en problemas. Este gobierno tiene serias dificultades en priorizar.

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