Factor Bachelet cambia ánimo opositor y enciende alertas en la derecha

La Pintana será la primera prueba del peso político que Bachelet puede recuperar tras su salida de la carrera por la ONU. La oposición busca convertirla en factor de unidad; la derecha ya empezó a reaccionar antes de que ella defina hasta dónde quiere volver.

Hace menos de un mes, los seis partidos que van desde la DC hasta el PC intentaron mostrar músculo en “Democracia Siempre”, el encuentro levantado como contrapunto del Foro Madrid. Reunieron a sus directivas, pero faltaron dos de sus figuras de mayor peso: Michelle Bachelet –en ese momento todavía en carrera por la Secretaría General de la ONU– y Gabriel Boric.

Este miércoles, la foto será distinta.

Los mismos seis partidos se reunirán a las 18:00 horas en el Teatro Municipal de La Pintana. Boric estará presente y Bachelet, esta vez convertida en el centro de la escena, cerrará la jornada.

El acto nació como un reconocimiento tras el retiro de su candidatura a la Secretaría General de la ONU. Pero políticamente ya desbordó el desagravio.

En la interna opositora coinciden en que ahí está la principal expectativa que rodea su regreso. No necesariamente convertirla en jefa de la oposición, sino aprovechar una figura capaz de sentar nuevamente bajo un mismo techo a sectores que van desde la DC hasta el PC, dos partidos que ya convivieron en la Nueva Mayoría bajo su liderazgo.

Desde el PC transmiten una idea parecida: Bachelet puede jugar un papel relevante en esta nueva etapa no necesariamente ordenando desde arriba, sino “aunando criterios” y ayudando a poner sobre la mesa los desafíos que enfrenta hoy la oposición.

Puertas adentro, en la oposición reconocen que el problema no ha sido solo juntarse, sino saber qué hacer juntos. Una mayor coordinación puede pesar en el Congreso –para alinear posiciones, negociar cambios y reunir votos frente a las reformas del Gobierno–, pero también fuera de él: ordenar una agenda común y recuperar capacidad de convocatoria. Ahí aparece el verdadero test para Bachelet: no solo reunir a la DC y al PC, sino comprobar si ese capital puede traducirse en acción política.

En la DC tampoco esconden el valor que le asignan. Su presidente, Álvaro Ortiz, confirmó desde el Congreso que el partido es parte de la organización y definió a Bachelet como “un activo no solo de los partidos de centroizquierda, sino que de todo el país”.

Ortiz también llevará a La Pintana el reproche contra Kast por haber retirado el respaldo chileno a la candidatura ante Naciones Unidas. Para la DC, el acto tiene algo de reconocimiento, pero también de cuenta pendiente con La Moneda.

En el Frente Amplio, su presidenta, la diputada Gael Yeomans, puso el énfasis en otro punto: demostrar el respaldo político y social que, aseguró también desde el Congreso, conserva la expresidenta. Además, confirmó que Boric estará presente y tomará la palabra.

Desde el PS empujan en la misma dirección. El diputado José Antonio Rivas sostiene que Bachelet “debe seguir jugando un rol en la política nacional” y resume la apuesta con una metáfora: “No estamos para dejar jugadores buenos en la banca”.

Los partidos, eso sí, cuidan los tiempos. No quieren aparecer empujando a Bachelet hacia un rol que ella todavía no ha definido.

Y esa es la gran incógnita del miércoles.

Bachelet no ha anunciado una jefatura opositora ni un retorno permanente a la primera línea. Pero desde que decidió, el 19 de septiembre, no continuar su candidatura a Naciones Unidas, comenzó a acumular señales en la política doméstica.

La más potente fue junto a Boric. Ambos expresidentes cuestionaron la adhesión de Chile al Escudo de las Américas y pidieron al Gobierno de Kast reconsiderarla. Fue su primera intervención de alto impacto tras cerrar el capítulo ONU y desató una respuesta conjunta de los presidentes de RN, UDI, Republicanos y Evópoli.

Este martes apareció otra señal. Bachelet estuvo en La Granja junto al alcalde Claudio Arriagada. El jefe comunal aclaró que la exmandataria no le adelantó sus próximos pasos, pero salió del encuentro con una impresión: “Viene a asentarse en Chile ya”.

Bachelet recibió una fotografía junto al alcalde de La Granja, Claudio Arriagada, como obsequio por su cumpleaños.

La derecha también empezó a sacar cuentas, algo que quedó en evidencia en distintas declaraciones públicas durante los últimos días.

En RN, Ximena Ossandón fue de las primeras en decirlo sin demasiadas vueltas. Advirtió que Bachelet podría transformarse en un “pilar fundamental reorganizando la oposición” y admitió que para su sector habría sido mejor tenerla trabajando en Naciones Unidas que “instalada en Chile”.

En la UDI, Iván Moreira reaccionó en sentido contrario. Tras la declaración por el Escudo, acusó una “revancha política” y sostuvo que, si Bachelet cree que desde ahí podrá generar un liderazgo opositor, “se equivoca”.

Republicanos eligió otro camino. Antes incluso del encuentro, la diputada Macarena Santelices recurrió a Contraloría para pedir que se fiscalice el uso del Teatro Municipal de La Pintana, incluidos permisos, recursos públicos y una eventual participación de funcionarios. La presentación no acredita una irregularidad, pero abrió un flanco sobre el acto antes de que este ocurra.

El Partido Nacional Libertario (PNL) fue todavía más explícito respecto del efecto político que observa.

“A nosotros, la derecha, no nos conviene que Michelle Bachelet se haya demorado cinco minutos en convertirse en una activista de izquierda a nivel nacional”, dijo a El Mostrador la diputada Paulina Muñoz. Y agregó una definición que, desde la vereda contraria, coincide con parte del diagnóstico opositor: “Ella es una articuladora profesional”.

Su compañero Pier Karlezi optó por desacreditar esa posibilidad: cuestionó la gestión de Bachelet en sus anteriores cargos y rechazó que se responsabilice a Kast o al oficialismo por el desenlace de su candidatura internacional.

En privado, la inquietud tampoco se reduce al PNL. Fuentes oficialistas consultadas por El Mostrador reconocen preocupación por la capacidad de Bachelet para articular a una oposición hasta ahora fragmentada. La diferencia está en cómo cada sector enfrenta esa posibilidad: unos la reconocen; otros intentan bajar el peso de su liderazgo o confrontar directamente su legado.

Ese es el verdadero cambio respecto de comienzos de septiembre.

Entonces, con la candidatura a Naciones Unidas todavía en pie, Bachelet se mantenía a distancia y la oposición intentaba construir una foto común sin ella. Ahora cerró la carrera internacional, irrumpió junto a Boric en una controversia con Kast y vuelve a aparecer ante seis partidos que necesitan un punto de encuentro.

Encuentro “Democracia Siempre”, realizado en Santiago el 3 de septiembre de 2026. Foto: ATON

En la oposición coinciden, aunque con cautela, en que La Pintana será el primer test del factor Bachelet: cuánto puede pesar políticamente más allá de una foto de unidad.

La oposición ya sabe qué espera de Bachelet. La derecha también empezó a prepararse para esa posibilidad.

Ahora falta saber qué quiere Bachelet.