A propósito del 11 de septiembre

A 53 años del golpe militar, el 11 de septiembre sigue interpelando a Chile. No solo porque significó el quiebre de la democracia y el comienzo de una política sistemática de violaciones a los derechos humanos, sino porque también buscó desarticular una de las principales fuerzas sociales de la época: las organizaciones de las y los trabajadores.

La persecución al movimiento sindical no fue un hecho secundario. Trabajadores y trabajadoras fueron detenidos, ejecutados, desaparecidos, encarcelados, expulsados de sus empleos y obligados al exilio.

Más de 300 dirigentes y dirigentas sindicales permanecen detenidos desaparecidos. Detrás de cada nombre había una historia, una familia, un lugar de trabajo y una organización colectiva.

Se persiguió a quienes habían hecho del sindicato una herramienta para conquistar derechos y participar de las grandes decisiones del país. Y junto con la represión vino una profunda transformación del mundo laboral que debilitó la organización sindical, restringió la negociación colectiva y modificó las relaciones entre trabajadores, empresas y Estado.

Por eso, para CETRA, recordar el 11 de septiembre también significa recuperar la memoria del mundo del trabajo.

Entender que muchos de los derechos y debates laborales del presente tienen una historia y que la democracia también se construye en los lugares de trabajo, en la libertad sindical, en el derecho a organizarse y en la posibilidad de que las y los trabajadores tengan voz sobre su propio futuro.

Defender la democracia hoy significa no naturalizar los discursos autoritarios ni relativizar las conquistas democráticas alcanzadas después de tantos años de lucha. En un tiempo en que sectores de extrema derecha  en Chile y el mundo vuelven a reivindicar respuestas autoritarias, cuestionan derechos fundamentales y tensionan los límites de la convivencia democrática, recordar nuestra historia adquiere una urgencia particular.

La democracia nunca puede darse por conquistada para siempre. Se sostiene en instituciones, pero también en una sociedad organizada, capaz de defender sus libertades, sus derechos y el respeto irrestricto a la dignidad humana. Y en esa tarea, las organizaciones sindicales y las y los trabajadores tienen un lugar que la propia historia de Chile nos recuerda.

A quienes fueron perseguidos por organizarse. A quienes fueron asesinados y a quienes aún permanecen desaparecidos. A sus familias, que han sostenido durante décadas la búsqueda de verdad y justicia. Y a quienes, en medio de la persecución y el miedo, siguieron encontrando formas de organizarse, acompañarse y resistir. Nuestro reconocimiento fraterno y nuestra memoria.

Porque recordar a quienes nos faltan es también reconocer la historia de las y los trabajadores de Chile. Y porque hacer memoria, hoy, es también asumir la responsabilidad de cuidar la democracia para que nunca más el autoritarismo vuelva a imponerse sobre ella.

CETRA