Con un llamado a defender el empleo público y la democracia, la ANEF conmemoró este 25 de febrero los 44 años del asesinato de Tucapel Jiménez Alfaro, presidente mártir de la organización, en una ceremonia realizada en su tumba en el Cementerio General.
Jiménez fue asesinado en 1982 por agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), en el contexto de la dictadura cívico-militar, debido a su rol en la reorganización del movimiento sindical y su oposición al régimen. Su figura se ha transformado en símbolo de la defensa irrestricta de los derechos laborales y la democracia.
La memoria como responsabilidad política
El presidente nacional de ANEF, José Pérez Debelli, subrayó que el acto no fue solo un ejercicio de recuerdo, sino una reafirmación de principios: “a 44 años del asesinato de Tucapel Jiménez no estamos aquí solo para recordar una vida truncada por la violencia, estamos aquí para reafirmar una causa que sigue viva”, afirmó, agregando que “la memoria es una responsabilidad política y ética”.
En un escenario marcado por cuestionamientos al aparato estatal, defendió con fuerza el rol del empleo público: “El empleo público no es un amarre, no es un botín político ni una trinchera partidaria”.
Esta afirmación resulta central: la función pública es una condición para garantizar derechos sociales, políticas públicas y cohesión democrática
Memoria, unidad y alerta democrática
La conmemoración se realizó en un contexto político marcado por el inicio de un nuevo ciclo gubernamental y por un clima de alerta sindical frente al escenario socio-político que se abre.
Para CETRA, la memoria histórica no es un gesto simbólico, sino una herramienta política para defender el empleo público, los derechos laborales y la democracia.
A 44 años de su asesinato, el legado de Tucapel Jiménez ilumina el presente, solo con organización sindical fuerte, con función pública robusta, con derechos laborales garantizados, la democracia se fortalece.
