Un nuevo informe del mercado laboral encendió alertas sobre la situación de los ingresos en el país. El Index del Mercado Laboral de Laborum reveló que el sueldo pretendido promedio en Chile cayó un 1,4% en marzo, acumulando una baja de 3,4% en el primer trimestre de 2026, con una renta promedio que se sitúa en $1.086.720.
Ajuste en las expectativas: señales del mercado laboral
La caída en las pretensiones salariales refleja un fenómeno más profundo: en contextos de incertidumbre económica, las personas tienden a ajustar sus expectativas a la baja para aumentar sus posibilidades de empleo. Desde una perspectiva de derechos, esto evidencia un debilitamiento del poder de negociación de los trabajadores y trabajadoras.
Caída transversal, con mayor impacto en adultos mayores
Durante marzo, todos los tramos etarios registraron retrocesos:
• Menores de 30 años: $905.638
• Entre 30 y 45 años: $1.167.741
• Mayores de 45 años: $1.384.689 (con la mayor caída del trimestre: -2,84%)
El dato es relevante: quienes tienen mayor experiencia laboral son también quienes enfrentan una mayor contracción en sus expectativas, lo que puede reflejar barreras de reinserción y precarización en etapas avanzadas de la vida laboral.
Brecha de género en aumento
El informe también confirma una tendencia preocupante: la brecha salarial alcanzó un 14% en marzo a favor de los hombres, consolidando un aumento sostenido en los últimos meses.
• Hombres: $1.141.720
• Mujeres: $1.001.408
Esto evidencia que, incluso en contextos de ajuste generalizado, las desigualdades estructurales persisten y se profundizan.
Segmentación del mercado laboral
Las mayores expectativas salariales se concentran en áreas tecnológicas y especializadas, mientras que sectores como gastronomía o atención presentan los niveles más bajos, reflejando una estructura laboral altamente segmentada.
Una señal de alerta desde los derechos laborales
La caída sostenida en las expectativas salariales no es solo un dato económico: es una señal de deterioro en las condiciones del trabajo.
Cuando las personas deben aspirar a menos para acceder a empleo, no solo se ajustan los ingresos: se tensiona el acceso a una vida digna.
El desafío de fondo
¿Cómo avanzar hacia un mercado laboral que no obligue a las personas a bajar sus expectativas, sino que garantice condiciones justas, equitativas y sostenibles?
