1 de mayo: Un Balance entre conquistas graduales amenazadas y desafíos estructurales

Este 1 de mayo de 2026, la conmemoración del Día Internacional de las y los Trabajadores nos encuentra en un punto de inflexión para el sindicalismo chileno. Es una fecha de reivindicación histórica y  un momento de balance fundado sobre un escenario de profundas asimetrías, donde la complacencia del Estado y el sector privado amenaza con hipotecar el futuro laboral del país.

Un escenario internacional de incertidumbre y hegemonías

El contexto global está definido por una geoeconomía de confrontación que debilita el multilateralismo y fragmenta las cadenas de valor. Chile, inserto en esta dinámica, enfrenta un orden internacional donde la soberanía económica se ve tensionada por intereses externos y una volatilidad energética que impacta directamente en el costo de vida de la clase trabajadora.

La deriva regresiva: Un gobierno que profundiza la desigualdad

Desde CETRA alertamos sobre el carácter agresivo y regresivo de la agenda del nuevo gobierno. Bajo la retórica de un «gobierno de emergencia», se han impulsado medidas que, lejos de corregir  brechas históricas, consolidan la concentración de la riqueza. El fracaso en las negociaciones por el reajuste del salario mínimo que hoy se mantiene en $539.000 frente a una demanda sindical de $637.000 representa una señal inequívoca de una política que prioriza el control del gasto sobre la recuperación del poder adquisitivo perdido. Esta postura no es solo una falta de acuerdo; es un retroceso en la valorización del trabajo humano.

El proyecto de  Ley misceláneo o de ”Reconstrucción Nacional”, enviado al congreso representa en toda su extensión el ideario del gobierno de Kast: Bajo la teoría del chorreo se genera un  gran entramado de normas impositivas, ambientales, laborales, entre otras,  para favorecer a los grandes capitales del 0,1% de la población,  estimular concentración de la riqueza en desmedro de los trabajadores y la sostenibilidad.

Transformación productiva e IA: El silencio de los responsables

Vivimos una transformación sin precedentes impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) y la disrupción tecnológica, respecto de la cual, observamos con alarma cómo las tareas que esto significan para el mercado de trabajo no son asumidas con seriedad ni por el Estado ni por los grandes privados. Mientras estudios señalan que el 40% del empleo global está expuesto a la IA en Chile solo el 3,6% de las empresas ha logrado escalar proyectos de IA de forma transversal. Asistimos en esta materia a un Estado ausente: La falta de políticas públicas de reconversión laboral con protección social deja al trabajador a merced del reemplazo tecnológico, lo que se agravará con el término de la franquicia tributaria  Sence – que ciertamente requería ajustes – pero su término se aleja de ser una solución sensata.

Por otro lado los privados se muestran indiferentes. Concentran su preocupación en inversión  eficiente de corto plazo ( incluidos despidos y automatización de tareas administrativas) en lugar de una transición justa que potencie las capacidades de las y los trabajadores y que aproveche el capital humano existente. La dimensión de responsabilidad social empresarial termino siendo un slogan vacío de convicciones.

El avance legislativo y las tensiones de aplicabilidad 

Tenemos nuevas herramientas, como la Ley Karin contra el acoso y la violencia y  la entrada en vigencia, el pasado 26 de abril, de la segunda etapa de la Ley N° 21.561, que reduce la jornada laboral ordinaria a 42 horas semanales. Esta conquista, fruto de años de empuje sindical. Sin embargo, observamos con atención que el 65% de las empresas fiscalizadas recientemente han presentado incumplimientos en la normativa laboral, o que la extensión de la aplicabilidad del articulo 22 del Código del Trabajo  explicitada por la DT, evidencian que la ley por sí sola no garantiza el bienestar si no va acompañada de una fiscalización robusta y un sindicalismo activo  y vigilante.

La tensión política y el derecho a representar y negociar

El panorama político estuvo marcado por tres hechos que reflejan es espíritu del actual gobierno. El retiro del proyecto de negociación colectiva multinivel (ramal). Mientras el mundo empresarial y ciertos sectores políticos argumentan dificultades de adaptabilidad y afectación al crecimiento, la realidad para el trabajador es clara: sin negociación ramal, la fragmentación sindical persiste y la capacidad de establecer pisos mínimos de dignidad por sector se debilita El nulo avance en materia de sala cuna frena la posibilidad de generación de 150.000 empleos, de las mujeres de ingresar de manera efectiva al mercado laboral, desalienta adicionalmente la tasa de fecundidad y finalmente las medidas administrativas y financieras tomadas en el Estado que están impactando a las y los trabajadores públicos con despidos y en casos ya observados, con presiones a dirigentes sindicales.

Realidad económica: Salarios y costo de vida

En lo económico, el incremento del salario mínimo a $539.000 a principios de este año fue un respiro necesario. No obstante, el alza sostenida en el costo de la vida y el aumento de la informalidad laboral siguen erosionando el poder adquisitivo de la clase trabajadora. El desafío para este 2026 no es solo el valor nominal del sueldo, sino la seguridad social integral y la protección ante un mercado laboral que se vuelve más técnico y exigente bajo la sombra de la transformación estructural del trabajo.

La urgencia de la organización sindical

El escenario este 1 de mayo es de máxima alerta. Frente a un gobierno que profundiza las asimetrías socio económicas y un empresariado que ignora los costos sociales de la tecnología, el sindicato es el único dique de contención. La información,  formación y la unidad no son opcionales: son la única vía para que el progreso tecnológico no se convierta en una nueva herramienta de explotación y  que el retroceso de derecho laborales, sindicales y sociales representados en este gobierno no sea una lacerante realidad.

La lección histórica es clara, los derechos no se mantienen por inercia; se defienden y profundizan con organización y claridad estratégica.  Hoy, más que nunca, la lucha por una transición justa y una repartición equitativa de la riqueza es la tarea del sindicalismo moderno. Con todos sus bemoles el sindicato siendo  el cerebro y el corazón de la defensa de la dignidad humana en el trabajo.

VIVAN LAS Y LOS TRABAJADORES.