Paula Narváez, ex ministra vocera de gobierno: “En 15 días se ha logrado retrotraer y retroceder a Chile, hoy este es un país distinto”

La ex secretaria de Estado manifiesta su preocupación por las señales y acciones del actual gobierno. Asegura que los llamados a diálogos del Ejecutivo no son transparentes y también apunta a que en la gestión de Piñera se están imponiendo los sectores conservadores.


Hace exactamente ocho años, el Presidente Sebastián Piñera hizo una evaluación de los primeros pasos de su administración, entonces una frase generó controversia: “En 20 días yo siento que hemos avanzado más que otros, tal vez, en 20 años”. Hoy, desde la vereda del frente es donde realizan evaluaciones similares, aunque en un sentido completamente distinto.

La exvocera de gobierno Paula Narváez (PS) asegura que en las primeras semanas de gestión de la segunda experiencia del Jefe de Estado en La Moneda, la situación es preocupante y que se ha retrocedido en los avances que el gobierno de Michelle Bachelet había logrado – según ella- impulsados por las demandas ciudadanas. La ex secretaria de Estado asegura que se están mostrando señales “claras” de que en el Ejecutivo se están imponiendo las visiones más conservadoras de la derecha.

¿Qué le parece la decisión del TC respecto del lucro en educación?

Han ocurrido señales en el último tiempo que son preocupantes. Que una institución de la República le tuerza la deliberación y decisión a la ciudadanía, a través de sus instituciones democráticas, horada de alguna manera nuestro sistema. Para las nuevas generaciones es una pésima señal desde el punto de vista de cómo deben canalizarse las demandas. Que el TC no haga caso, por decirlo así, de la decisión que se había establecido en el Congreso Nacional genera una señal preocupante desde el punto de vista de nuestro orden institucional.

¿Es la oportunidad para Sebastián Piñera de generar un gran acuerdo para cambiar el TC?

Claro que sí. Es absolutamente necesaria la discusión de nuestras instituciones en el marco de la discusión más amplia, de un proyecto de nueva Constitución. Es un error político de parte del gobierno actual dejar de lado o desechar esa discusión. Si el gobierno actual quiere llamar a grandes acuerdos tiene que estar disponible entonces para que en el contenido de los acuerdos estén temas tan gravitantes como, por ejemplo, las atribuciones del Tribunal Constitucional y qué mejor que enmarcarlas en una discusión mayor, que es una nueva Constitución moderna.

Pero el gobierno ha hablado de reformas constitucionales.

Tenemos una propuesta previa, de un proyecto de ley que envió el gobierno de la Presidenta Bachelet, de una nueva Constitución. Si estamos llamando a acuerdos hay que escuchar todas las ideas, no desecharlas a priori, es un poquito un contrasentido llamar a grandes acuerdos, pero ¿acuerdos unilaterales? ¿Acuerdos desde la imposición? La sociedad ha cambiado demasiado, la mejor actitud frente a esto es prudencia y humildad para entender que gobernar hoy día no es lo mismo que gobernar en los 90, ni siquiera a principios de los 2000.

En el caso de educación, el requerimiento fue interpuesto por Pilar Armanet, una militante PPD, ¿no es un poco injusto culpar al Presidente Piñera?

Es que no estoy haciendo una crítica al Presidente Piñera cuando estoy planteando la preocupación que tengo respecto de las señales que han dado las instituciones. No obstante, las reacciones del gobierno confirman lo que ya sabemos, ellos conciben la educación como un bien de consumo y no como un derecho. Tenemos una diferencia total, absoluta y radical en este tema.

El cambio al protocolo en materia de Salud es un ejemplo de lo que ha señalado el gobierno en torno a que en ciertos temas, cuando no se pueda por vía legislativa, ocuparán la administrativa, ¿le preocupa?

Es nuevamente preocupante. Nosotros adelantamos que esperábamos que no hubiera retrocesos en las conquistas ganadas con mucho esfuerzo, con muchos años de trabajo. Lo que ocurre aquí por esta vía es una señal preocupante, porque nuevamente demuestra que hay una cosa sólo declarativa. Por un lado, se declara la intención de respetar la ley de despenalización del aborto, pero, por otro, en los hechos, restringen. Entonces, eso no es transparente, eso no es sincero, y eso dificulta mucho el establecimiento de confianza y la posibilidad nuevamente de diálogos y de acuerdos. No sabes realmente a qué atenerte frente a esta situación tan ambivalente que se está planteando.

Usted ha hablado de la “letra chica”, otros han utilizado el concepto “motosierra administrativa”, ¿lo que está pasado pone en duda el denominado “legado” de Bachelet?

Más allá de los conceptos, aquí lo que ocurre es que tenemos que tomar con absoluta profundidad el análisis de la realidad, porque se han confrontado dos visiones de país. No se trata de una cosa discursiva, se trata de una cosa objetiva. Mientras nosotros hicimos una reforma tributaria absolutamente necesaria para ir abordando las desigualdades que existen en nuestro país, el actual gobierno está proponiendo bajar impuestos a las empresas. Nosotros hemos establecido que hay que avanzar en derechos sociales, en derechos individuales, también en libertades, en el reconocimiento de derechos de las mujeres y ellos restringen por la vía de un protocolo, por la vía administrativa. Lo que aquí sucede es que cuando gobierna la derecha se impone un modelo de país y sociedad, distinto del que nos identifica a la centroizquierda. Nada de lo que esté pasando debiese sorprendernos: es la derecha gobernando.

¿Piñera es hoy más de derecha que en su antigua administración?

No tengo elementos para calificarlo en tanto a persona. Lo que sí puedo analizar es las señales que ha dado su gobierno. Y en su gobierno, Piñera ha tomado decisiones que tienen que ver con aspectos muy vinculados al sector más conservador de la derecha. Una derecha muy fuerte. Por ejemplo, que no podamos avanzar en materia de reconocimiento en la ley de identidad de género, porque hay un partido de la derecha que le pone límites al propio gobierno. No lo estoy calificando a él, estoy diciendo que el gobierno tiene señales claras. Otro ejemplo es tener a una persona como el señor (Alberto) Cardemil como secretario regional ministerial, que es claramente representativo de una derecha dura y pura.

¿Percibe una pugna entre “dos almas” de la derecha? Una de ellas representadas por la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe…

Para ser consistentes, ellos han llamado a un gran acuerdo por la infancia. Bueno, ¿qué infancia? ¿Toda la infancia? Creo absolutamente necesario tener un gran acuerdo, niños y niñas tienen que ser una prioridad, pero todos los niños y niñas. Por lo tanto, cuando hablamos de identidad de género también tenemos que pensar en niños y niñas trans. Veo con muchísima preocupación y lamento mucho los retrasos en la ley de identidad de género. Jacqueline van Rysselberghe fue presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, tuvo muchísimo tiempo para debatir todos estos temas. En el gobierno han dicho que no quieren tensionar al oficialismo, entonces, ¿dónde está el interés puesto? ¿En la tensión de la coalición de gobierno? Si el interés tiene que estar puesto en cómo les resolvemos los problemas a las personas.

Entonces, ¿usted tiene temor de que se impongan en el gobierno las visiones más de derecha en torno a estos temas?

En estos 15 días yo creo que es un temor bastante objetivo más que subjetivo. Visto lo visto, en 15 días se ha logrado retrotraer y retroceder a Chile, hoy día este es un país distinto, que la ciudadanía que está en la calle probablemente no reconoce. Chile ha hecho un reconocimiento importante en materia de derechos sociales, culturales y de libertades individuales y creo que la centroizquierda tiene que tener como eje articulador justamente esas demandas, el reconocimiento y profundización de esos derechos.

Su sucesora, Cecilia Pérez, dijo que el gobierno del que Ud. formó parte nunca los llamó a participar de grandes acuerdos. ¿Qué tiene que hacer la ex Nueva Mayoría frente, por ejemplo, al llamado a mesas extraparlamentarias?

Hay que ser respetuosos de las decisiones que tomen los partidos y las distintas bancadas. Aquí nadie puede decir por la prensa cómo se deben hacer las cosas. Yo entiendo que, por ejemplo, en el caso del Partido Socialista, ha tenido una postura de que es importante canalizar todo este tipo de diálogos a través de las instituciones que existen para aquello, a través del Congreso. Existe ahí la institucionalidad para poder llevar adelante estos diálogos y estos acuerdos. Nuestras instituciones son lo suficientemente fuertes como para poder hacer y llevar adelante esos diálogos de buena manera.

¿No es un poco egoísta negarse a participar cuando el gobierno está dando espacios para el diálogo?

Lo importante es que ese diálogo y esa invitación, insisto, sea consistente. Porque si por una parte estás llamando al diálogo, pero por otra te enteras por la prensa, o a través de otros mecanismos, de que se están haciendo modificaciones fundamentales en ciertas políticas públicas, ¿en qué pie queda ese diálogo? En esto la prudencia y la consistencia son muy importantes para que puedan conseguir el objetivo que buscan.

¿Quiénes son los responsables de defender el legado?

Aquí no se trata de un legado por un legado. El legado no es un objeto, el legado no es un fin en sí mismo, no se pude transformar en una especie de objeto de valor que se guarda en una cajita. Aquí lo importante es que las transformaciones que se llevaron adelante les han hecho sentido a las personas. Tenemos una identificación y una convicción respecto de la necesidad de garantizar derechos a las personas, eso nos une como fuerza política. Por lo tanto, no se trata de la defensa de un determinado gobierno, ni una determinada persona, ni de un determinado legado, se trata de la defensa de nuestros principios.

El ex senador y actual vicepresidente del PS Camilo Escalona dijo que él no estaba en la fila de quienes le quieren rendir culto al legado de Bachelet.

Creo que es en el mismo sentido. Lógicamente son nuestras conquistas sociales lo que ha estado históricamente en la esencia de la centroizquierda. Es la preocupación de cómo vamos ampliando derechos, de cómo vamos ampliando libertades, pero también, sin la caricatura que se nos ha tratado de instalar: como que no nos preocupara la economía o no nos preocupara el crecimiento económico. Nos preocupa el crecimiento económico, porque sabemos que es una herramienta fundamental también para la ampliación de esos derechos.

Eso son los grandes desafíos, también, de una centroizquierda moderna. Esa es la defensa que estamos haciendo, porque el gobierno de la Presidenta Bachelet se inscribe en esa trayectoria. Entonces, no es la defensa de un gobierno, por un gobierno.

¿Cómo evaluaría todos los episodios ocurridos con el ministro Jaime Campos? ¿Se terminó opacando la salida que ustedes esperaban?

Fue una salida de gobierno tremendamente intensa, porque hubo actividades hasta el último minuto. Se promulgaron leyes hasta el final, porque así dijimos que lo íbamos hacer y porque había que ser muy eficientes en el uso del tiempo. Evidentemente hay situaciones que no ocurren de la mejor manera o como nosotros esperábamos que pudieran haber ocurrido, pero tampoco creo que nos tengamos que quedar focalizados, exclusivamente, en esos episodios, habiendo sido un gobierno de cuatro años. Además, seamos sinceros, durante cuatro años sufrimos de ataques permanentes para opacar las acciones del gobierno. Entonces, no es que hubo algo que opacó el final del gobierno. Los intentos de opacar el gobierno completo de la Presidenta Bachelet fueron sistemáticos y sostenidos durante cuatro años. Por lo tanto, a mí me parece que hacer esta distinción como que al final se opacó el final de gobierno me parece como un poquito extraño, por decirlo, curioso.

Pero la diferencia es que quien termina opacando, al menos mediáticamente, al gobierno es alguien del mismo gobierno, como Campos.

Yo no voy a calificar el actuar del ex ministro Campos, él es un ex colega del gabinete, por lo tanto, no voy a hacer ningún tipo de calificación respecto de su comportamiento. Sí debo decir que ser autoridad es una situación de alta responsabilidad, también de compromiso y que me parece que luego de que uno deja de ser autoridad siempre guarda con mucho cuidado, con mucho respeto, las conversaciones, las dinámicas dentro del gobierno, para siempre.

Se han ido conociendo muchas iniciativas que se hicieron a última hora, por ejemplo, esta acción judicial de la Subsecretaría de Derechos Humanos para pedir investigación por más de 30 mil casos de víctimas de torturas. ¿No fue, teniendo cuatro años, muy tarde para impulsar temas como este o como el cierre de Punta Peuco?

Bueno, uno podría hacer un análisis de cada una de las decisiones que toma el gobierno, en cada uno de los momentos, y analizar la oportunidad de cada uno de ellos, pero creo que es infructuoso hacer una cosa como esa. Se gobierna hasta el último día y se toman decisiones hasta el último día. Si uno quiere poner luz sobre todo lo que se hizo al final, claro, va a parecer que se hace un análisis de oportunidad al final, pero uno podría poner luces a todas las decisiones que se tomaron antes también. No hay una consideración amplia de lo que significa gobernar, porque hay miles de variables que están en juego en los momentos de tomas de decisiones que hay que tener en consideración para poder entender cuándo se toma una decisión y en qué momento se hace.

Se le vio esta semana con otros ex ministros defender el proyecto de aborto en tres causales, ¿desde qué lugar va a resguardar los proyectos del pasado gobierno?

Ha sido una defensa absolutamente natural. Como ex ministros de un gobierno que llevó adelante temas en las distintas materias, hemos creído necesario salir a hacer las puntualizaciones que se han hecho. Aquí hay canales formales e institucionales que seguirán adelante con el debate público que tiene que existir en torno a nuestro país. Lo veo como una oportunidad para la articulación de la centroizquierda y, por lo tanto, ahí están los partidos políticos y su rol, que es importantísimo en este debate, está el rol del Congreso y también de los alcaldes.

¿Dónde está su futuro?

No descarto ninguna posibilidad de lo que ha sido mi trayectoria profesional y política hasta el día de hoy. Yo he estado principalmente en el mundo político, en el sector público en el mundo académico, he estado en el mundo de las organizaciones internacionales y, por lo tanto, esos son los espacios en los que yo me desenvolveré en el futuro.

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