El lobby pesquero que amenaza a los parques más australes de Chile

El 1 de junio, ante el Congreso Nacional, Michelle Bachelet anunció dos nuevos parques marinos: uno en Juan Fernández y otro en la zona de Cabo de Hornos e Islas Diego Ramírez. “Con su creación, Chile va a llegar a la histórica cifra de 1.000.000 de km2 de su mar completamente protegidos y se convierte en líder mundial de la conservación marítima”, dijo la Presidenta.

Antes de eso, la jefa de Estado, el canciller Heraldo Muñoz y el ministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, se habían reunido para escuchar la propuesta original para la creación de un parque marino en Cabo de Hornos por parte de National Geographic Pristine Seas, una organización que planteó desde el comienzo que, para resguardar la biodiversidad del lugar, se debía incluir en el área de conservación aquella donde la pesca industrial explota bacalao de profundidad.

Incluso, hace dos semanas, NatGeo exhibió su documental de la expedición y compartió su propuesta en Puerto Williams ante 170 personas, incluyendo a la comunidad yagán, el alcalde de Cabo de Hornos y la gobernadora. Sin embargo, han visto cómo de a poco su propuesta pasó a segundo lugar y una de la conclusiones más importantes que lograron –y que les costó meses de trabajo– no se respetaría: la pesca industrial tendrá manga ancha para seguir explotando diversos recursos.

En informe de NatGeo se lee: “La pesca industrial en la región ya ha sobreexplotado especies como el bacalao de profundidad, la merluza austral y la centolla”.

Terreno sobreexplotado

Los archipiélagos más australes del continente albergan un ecosistema único e intacto y tanto los mamíferos como las aves conectan a las islas del Cabo de Hornos con el resto del ecosistema subantártico. Por eso, parte de su importancia.

Álex Muñoz señala que la propuesta inicial de NatGeo se justifica plenamente desde la importancia del ecosistema del Cabo de Hornos y luego debe ir variando al recoger la visión de las comunidades locales. “Esto es muy distinto a ceder frente a las presiones de los gremios pesqueros industriales que han depredado los recursos hasta agotarlos. Es una excelente noticia que se proteja el mar de las islas Diego Ramírez, pero, si no se restringe al menos en parte la pesca de bacalao de profundidad al sur del Cabo de Hornos, esta pesquería que hoy está colapsada se va a perder para siempre”, indica.

Estefanía González, coordinadora de Océanos de Greenpeace, cree que es crucial establecer una zona de protección. “Acá la amenaza es de la pesca industrial del bacalao y hay que preguntarse en qué medida las modificaciones que se incorporen o no van a hacerse cargo de evitar y poder proteger no solamente el océano, el paisaje, sino también los recursos que se encuentran en esta zona para que se puedan recuperar a largo plazo”.

Un estudio de la División de Administración Pesquera de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, detalló en marzo de este año que el IFOP –la institución que hace los informes oficiales pesqueros en Chile– declaró al bacalao de profundidad como “agotado”. Es decir, colapsado.

“Si el parque marino se aprueba como se discute hoy, será muy importante, pero no protegerá la zona de Cabo de Hornos, la que seguirá expuesta a la pesca industrial, con tremendos impactos ambientales”, apunta Muñoz.

Es la misma línea que plantea Mathias Hüne, director científico de Fundación Ictiológica. Él acompañó a la expedición de NatGeo y cree que “nunca antes se había realizado un estudio de esta envergadura, que abarcara la biodiversidad submarina del extremo sur de Chile”.

La Fundación Ictiológica dio a conocer también el impacto de la pesquería industrial de bacalao sobre los organismos que habitan en el ecosistema de aguas profundas, en el área propuesta por NatGeo para el parque marino. El estudio indicó que un barco factoría puede capturar al menos tres toneladas de corales al año en Magallanes. La flota que identificaron como responsable del impacto, opera durante parte del año en aguas chilenas y, el resto del tiempo, en aguas antárticas, administradas por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), de la cual Chile es país miembro y donde los corales están protegidos, excluyéndose la pesquería en zonas donde hay arrecifes de coral.

Por eso, Hüne piensa que es fundamental apuntar a la conservación. Asegura que la importancia de los arrecifes de corales de aguas frías es servir de hábitat para muchas comunidades de animales, que son diferentes a las encontradas fuera de los arrecifes, las cuales presentan una alta diversidad de especies, alto nivel de endemismo y gran fragilidad biológica, pues un coral de aguas profundas puede vivir 4 mil años, más que ningún otro animal en la tierra. “Además, sirven como refugio para muchos estados juveniles de animales de aguas profundas, incluidos peces de valor comercial como el bacalao (que en su etapa adulta se alimenta en estos arrecifes) y varias especies de centollas. Lamentablemente, en la actualidad cada barco de la industria puede dejar miles de anzuelos sobre estos frágiles ecosistemas”, dice Hüne.

El lobby pesquero

Una de las principales empresas que ha realizado lobby para continuar con la zona de pesca es Globalpesca, la mayor empresa pesquera de bacalao de profundidad en Chile y su base de operaciones está en Punta Arenas. Su nombre figura en la agenda de reuniones de parlamentarios de la zona como Gabriel Boric, aunque no se reunieron con él sino con parte de su equipo.

El hombre que ha llevado adelante esas conversaciones es Eduardo Infante, gerente de Globalpesca, quien también es presidente de la Asociación Gremial de Operadores de Bacalao de Profundidad de Magallanes (AOBAC). El dividendo económico de la pesca de bacalao es claro. En la filtración de los Panama Papers, Infante aparece mencionado por tributar en paraísos fiscales, como accionista y director de dos sociedades en Islas Vírgenes Británicas: Seabass Development and Investment Inc y Red Sea Group Limited. En ambas figura como agente registrado la compañía Porticullis Trust Net, aunque Infante advierte que se retiró de estas sociedades el año 2000.

Eduardo Infante sostiene asimismo que la posición que ellos defienden no solo representa a su empresa sino que también a AOBAC y FIPES, asociaciones gremiales que “estaban afectadas por la propuesta original del Parque Marino y que incluye no solo a la pesquería del bacalao sino también a las de la merluza austral, congrio dorado, merluza de cola y merluza de tres aletas”.

Según Infante, el desarrollo del proyecto marino en la zona debe compatibilizar todos los intereses en juego, permitiendo la protección del medio ambiente con las actividades pesqueras industriales y artesanales en la zona con los objetivos de protección del medio ambiente. “Es irónico pensar que la posición de NatGeo parte de la base de que hay que conservar el medio ambiente en una zona prístina única en el mundo, en consecuencia que quienes la mantenemos así somos justamente la industria pesquera que ha operado allí por décadas sin dañar el medio ambiente. Nos hemos alegrado mucho de saber que gran parte de nuestras proposiciones han sido acogidas por el sector público que esta trabajando en esta materia”, plantea.

La Federación de las Industrias Pesqueras de la Zona Sur Austral (Fipes) es la misma que estuvo cuestionada por depositar dinero en la cuenta de Patricio Walker y por triangular dineros por esa misma vía hacia el diputado Iván Fuentes.

Uno de los nombres importantes en la industria del lobby pesquero es Andrés Franco, quien perteneció a Fipes, aunque hoy el ingeniero civil industrial figura como director ejecutivo de Cepes (Centro de Estudios Pesqueros). En 2013, Contraloría declaró ilegal el permiso de pesca de investigación sobre el bacalao entregada por Subpesca a Cepes, por conceder una cuota excesiva en época de veda del recurso.

Álex Muñoz señala que la empresas que se dedican al bacalao de profundidad han influido mucho más allá de lo debido en las decisiones de la Subpesca, lo que solo ha significado que esta especie se agote. “Ya es tiempo de que la Subpesca se abra a medidas más efectivas para recuperar esta pesquería, como un parque marino en la zona de reproducción de esta especie, tal como lo propusimos”, dice, a la vez que suma datos: “Globalpesca ha tenido el poder de doblegar a la Subpesca en todas las iniciativas para recuperar el bacalao de profundidad, lo que, paradójicamente, irá en el largo plazo en contra de la misma empresa, ya que el recurso está cada vez en peor estado”.

Álex Muñoz señala que la empresas que se dedican al bacalao de profundidad han influido mucho más allá de lo debido en las decisiones de la Subpesca, lo que solo ha significado que esta especie se agote. “Ya es tiempo de que la Subpesca se abra a medidas más efectivas para recuperar esta pesquería, como un parque marino en la zona de reproducción de esta especie, tal como lo propusimos”, dice, a la vez que suma datos: “Globalpesca ha tenido el poder de doblegar a la Subpesca en todas las iniciativas para recuperar el bacalao de profundidad, lo que, paradójicamente, irá en el largo plazo en contra de la misma empresa, ya que el recurso está cada vez en peor estado”.

En Fipes también han puesto la lupa en el proyecto. Enrique Gutiérrez, gerente general de Pesca Chile (una de las empresas que integran la federación), señala que, como cualquier proyecto que afecta a las actividades que realizan en el sur del país, a partir del momento en que escucharon el anuncio en el discurso presidencial, han pedido información oficial de la propuesta de un parque marino en Cabo de Hornos, por distintas vías, desde hace cerca de seis meses. “No nos podemos oponer a algo que no conocemos”, precisa, y por eso dice que han entregado todos los antecedentes de la actividad pesquera, como caladeros de pesca, capturas por especie, rutas de navegación y otros datos que pueden ser de utilidad. “Con ello esperamos que se respeten los caminos institucionales para la formulación de áreas marinas protegidas, parques marinos u otras herramientas de conservación que la autoridad estime permitentes”, detalla Gutiérrez. Por eso han pedido información oficial a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y a la Subsecretaría de Medio Ambiente.

“Además, formamos parte de los comités de manejo pesquero de la merluza austral, congrio dorado, merluza de cola y tres aletas, y en todos ellos hemos solicitado que nos entreguen información de la propuesta técnica del proyecto en Cabo de Hornos. Lo que hasta la fecha no ha sucedido”, dice Gutiérrez.

El nuevo proyecto

Pese a que tanto la propuesta de NatGeo como la de la Universidad de Magallanes (UMAG) piden que se protejan las islas Diego Ramírez, difieren en cómo proteger el mar entre esas islas y el Cabo de Hornos. Finalmente, en esta parte primó la visión de la U. de Magallanes, que no prohíbe la pesca industrial en aquella zona que tarjó anteriormente la organización internacional.

Ricardo Rozzi, director del Programa de Conservación Biocultural Subantártica que se desarrolla en la provincia Antártica, comuna de Cabo de Hornos, y que sostienen tanto la Universidad de Magallanes como el Instituto de Ecología y Biodiversidad de la Universidad de Chile, explica que Subpesca solicitó específicamente a ese programa elaborar un informe técnico que les sirviera de insumo para tomar decisiones respecto del manejo del área de las islas Diego Ramírez.

Rozzi señala, antes de todo, que no existe vinculación de la Universidad con interés empresarial alguno. “Somos un grupo aparte y tenemos absoluta independencia. No hemos tenido presiones, pero, si las hubiera, no las aceptaríamos”, asegura.

A pesar de la investigación seria que defiende la U. de Magallanes, en la zona hay cuestionamientos por las relaciones que mantiene Globalpesca con esa casa de estudios, aunque desde la UMAG afirman que no existe ningún vínculo con el programa que lleva adelante Rozzi. Sí existe un vínculo, en cambio, con el Centro de Cultivos Marinos Bahía Laredo, centro de investigación aplicada que tiene la señalada casa de estudios en la provincia de Magallanes.

El director del Centro, Pablo Gallardo, explica que esta relación surgió desde un proyecto Fondef de 4 años de duración, que culminó en 2014, y que tenía que ver con el apoyo de la empresa a la universidad para la obtención de peces vivos de bacalao de profundidad desde zona de pesca. “A partir de ese proyecto se generó un convenio marco para desarrollar otras actividades más allá de ese proyecto, y es así que se cooperó con Globalpesca en la generación del primer seminario de investigación de bacalao de profundidad en Magallanes, y del segundo, que fue este año también, donde participaron otros investigadores. La relación también se mantiene a través del programa tecnológico de Corfo que tiene la Universidad Austral de Valdivia, de 10 años de duración, con quienes firmamos un convenio para capturar reproductores de bacalao, que nos sirven para nuestra investigación, y la idea es que Globalpesca, nuevamente, apoye en eso”, puntualiza Gallardo vía e-mail.

El ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, confirma que los límites del parque fueron determinados finalmente por un trabajo que realizó la Universidad de Magallanes en conjunto con el gobierno regional, en donde se establece que hay dos fases: una de creación de parque marino, que va a ser hacia los mares de Magallanes, paso Drake, más las islas Diego Ramírez, y también un área protegida marina –que requiere consulta indígena y que incluye al archipiélago de Cabo de Hornos–.

“Si bien uno podría pensar que hay intereses en la zona, claramente acá hay una visión de conservación que ha primado y, por tanto, vamos a llevar a una conservación efectiva tanto de los mares de Magallanes y posteriormente, fruto de la consulta indígena, un avance en el archipiélago de Cabo de Hornos. Por lo tanto, nuestro interés de conservación es más importante y mantener la conservación de la centolla, centellón y también del bacalao que ha estado históricamente sobreexplotado en algunos lugares”, expresa.

Álex Muñoz señala que las principales diferencias entre la propuesta de NatGeo y el informe de la UMAG es que su expedición, “que fue patrocinada por la Armada de Chile, contó con tecnología de punta nunca antes usada y un equipo de científicos extranjeros y chilenos que, a través del buceo, cámaras de profundidad y otras cámaras remotas, nos permitieron conocer la tremenda riqueza y fragilidad del mundo submarino del Cabo de Hornos y Diego Ramírez. No ha habido otros estudios en terreno como estos en la zona», recalca.

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