Andrés Chadwick, trastienda de una caída

Fundador de la UDI, parlamentario por veinte años en la Región de O’Higgins y exministro de Piñera en sus dos gobiernos, desde el miércoles 11, no podrá ejercer cargos públicos en cinco años. Considerado uno de los momentos más dolorosos para el gremialismo y para él mismo. Estos son los momentos que marcaron el destino de Chadwick.


Eran las 21 horas del miércoles 11 cuando Andrés Chadwick llegó hasta el podio -que había sido instalado varias horas antes-, a la salida del hemiciclo del Senado, para que pudiera hablar escoltado por ministros de Estado, senadores y diputados oficialistas. Con la voz entrecortada y los ojos vidriosos, el exministro insistió en su inocencia y agradeció a quienes lo apoyaron. “Quiero manifestar muy especialmente mi agradecimiento al Presidente Sebastián Piñera por su preocupación permanente y cariño durante todos estos días de tramitación de esta acusación”, dijo en un breve discurso que -sin embargo- tuvo la virtud de contener la molestia UDI en contra del gobierno por la caída de uno de sus fundadores y “coroneles”, como llaman en el gremialismo a sus figuras más influyentes.

Ese mismo miércoles, Piñera llamó a su primo y excolaborador en varias oportunidades. La primera fue a eso de las 8 a.m., cuando Chadwick llegaba a Valparaíso, para darle ánimo y desearle suerte; otra a mediodía y una tercera al conocerse el resultado de la votación. El día anterior, el Mandatario había seguido por televisión el discurso de su exjefe de gabinete ante los senadores y apenas terminó la sesión lo llamó a su celular.

Los gestos de Piñera habían ido mucho más allá. En las últimas semanas, señalan en La Moneda, el Jefe de Estado había ido a la casa de Chadwick a lo menos en dos oportunidades, ocasiones en las que hablaban de la situación que atraviesa el país.

Por primera vez en Chile un exministro era sometido a juicio político y encontrado culpable por el Congreso de infringir la Constitución y las leyes, por omitir de manera deliberada medidas para impedir violaciones a los derechos humanos durante los primeros 10 días que siguieron al estallido social del 18 de octubre. La condena: cinco años de inhabilidad para ejercer cargos públicos.

Salvo en las tribunas semivacías, en las que se recibió con aplausos el predecible resultado de la votación (23 votos a favor, 18 en contra), en la sala de sesiones del Senado, la misma que fue escenario durante dos días de este ritual republicano, el ambiente era apesadumbrado. “No había espacio para otra cosa”, le dijeron a Chadwick senadores de oposición, incluso, al momento de despedirse del exministro al que recién habían condenado.

Aunque reconocen debilidades jurídicas en la acusación, en la oposición, aseguran, no tenían margen para no respaldarla. Era indispensable dar una señal política frente a las violaciones a los derechos humanos y, en ese sentido, el recuerdo de la imagen de un joven Chadwick -en 1977- junto a Pinochet en el acto de Chacarillas y su militancia en la UDI poco ayudaban. Menos aún en medio del estallido social que aún no termina y donde muchos temen quedar marcados como parte del ciclo político que termina y fuera del ciclo que está por iniciarse.

Entre quienes se han mostrado más dispuestos desde la oposición a cooperar con el gobierno y buscar acuerdos, la caída de Chadwick “era clave para salvar la institucionalidad”. El análisis era simple: alguien debía pagar el costo, y si no era el exministro, el riesgo era que podría haber avanzado en la Cámara de Diputados la acusación constitucional contra el Presidente Piñera, la misma que fue desechada el jueves pasado, un día después de la condena política a Chadwick.

Aun cuando no estaban los votos en el Senado para la acusación contra Piñera, bastaba que el libelo fuese acogido por la Cámara Baja para que quedara consignado en los libros de historia. Un golpe que quería evitar en un momento de alta fragilidad.

El factor del “chivo expiatorio” pesó -aunque varios senadores ahora lo nieguen-, tanto así que el propio Chadwick se refirió a ese tema el martes en el Senado, cuando expuso personalmente su defensa: “No me parece justo que se haga (esta acusación), porque tiene que haber un responsable, como he escuchado, o porque tiene que haber una suerte de chivo expiatorio, no es justo”, dijo.

Gestiones y caída

Desde su salida del gobierno, el lunes 28 de octubre, la agenda del exministro estuvo enfocada en su defensa. Radicado en las oficinas de Luis Hermosilla -en Vitacura-, el exsenador llegaba en la mañana hasta el estudio de abogados y se retiraba pasadas las ocho de la noche. En el lugar lo asesoraba un equipo de 10 profesionales.

Pero por más análisis jurídico que se hiciera, el exjefe de gabinete sabía que la decisión sería política. Por eso, cuando el libelo fue aprobado en la Cámara -el 28 de noviembre- y la decisión quedaba radicaba en el Senado, el exministro decidió tomar su teléfono y comunicarse con algunos senadores de la oposición. “No es fácil para mí hacer esto”, les habría dicho a varios parlamentarios, entre ellos, a Felipe Harboe (PPD), quien le transparentó que votaría a favor de la acusación. Chadwick también repasó la asistencia al hemiciclo. La semana pasada se había comunicado con el senador RN Manuel José Ossandón, quien le confirmó que no estaría para la votación -debido a un viaje a China-, pero le aseguró que haría todas las gestiones para intentar revertir el voto opositor. Mientras que el senador DC Jorge Pizarro, uno de los posibles votos a favor del exsecretario, tampoco estaría presente el miércoles. En su calidad de presidente del Parlamento Latinoamericano y Caribeño, Pizarro viajó el martes a Panamá, aunque antes de partir se despidió formalmente del exministro en el comité de senadores UDI, la sala de operaciones donde Chadwick permaneció la mayor parte del tiempo, cuando no estaba en el hemiciclo.

Por más gestiones que se hicieron, todo fue en vano. Hasta último minuto, senadores de Chile Vamos insistían en conversaciones, sin embargo, tras 10 horas de debate no fue posible dar vuelta ni un solo voto opositor.

Chadwick, quien estuvo acompañado de su antiguo equipo del Ministerio del Interior -su exjefa de gabinete María José Gómez, la relacionadora pública Valentina Egert y el exencargado de comunicaciones Francisco Grimberg-, entendió que su futuro ya estaba sobre la mesa. Así lo conversó con ellos, con el Mandatario -en un llamado telefónico- y con su hijo Andrés, quien había llegado a acompañarlo. Entonces comenzó a preparar lo que serían sus últimas palabras en el Senado. Mientras la UDI veía cómo una de sus figuras más emblemáticas “pagaba los costos” de una de las peores crisis del país.

Una grieta en la UDI

El próximo 11 de enero, cuando el gremialismo realice su consejo general, habrá un homenaje especial para Chadwick. Amigo personal de Jaime Guzmán y senador por más de 10 años de la Región de O’Higgins, el exministro es considerada una de las figuras UDI más emblemáticas. “Esto es lo más duro que me ha tocado en el Senado”, comentaba en los pasillos del recinto el parlamentario Juan Antonio Coloma.

Durante los dos días que duró el debate de la acusación, los parlamentarios gremialistas se turnaban para no dejar nunca solo a uno de sus próceres. La directiva, encabezada por la senadora Jacqueline van Rysselberghe, se había preocupado de pedir personalmente que no abandonaran a Chadwick.

Un llamado que hicieron hace una semana cuando se reunieron con el Presidente Piñera. En la cita, insistieron en que se hicieran todas las gestiones necesarias para salvar al exministro. Diligencias que a opinión del partido tuvieron gusto a poco, generando una molestia que apuntó al ministro del Interior, Gonzalo Blumel. Conocedores del diseño implementado por La Moneda, en la UDI sabían que la cartera de Interior era la encargada de buscar votos en contra del libelo, sin embargo, con el pasar de los días, dirigentes y parlamentarios gremialistas se daban cuenta de que las gestiones eran casi nulas. “Algunos llamados telefónicos, nada más”, reclamaban entre ellos. “Lo dejaron caer”, decían otros.

La indignación, de todas maneras, cobró fuerza el martes. Ese día, Chadwick solo estuvo acompañado por el ministro de la Segpres, Felipe Ward, y aunque las explicaciones apuntaban a que ese era el diseño de La Moneda, en el gremialismo lo calificaron como desaire inaceptable. En la UDI observaron con pesar que Chadwick, al momento de dar su defensa ante el Senado, no recibiera el respaldo de ni un representante del Ejecutivo, salvo Ward, que llegó al hemiciclo porque el propio exministro le envió un mensaje de WhatsApp. “Ven, que voy a hablar”, le alertó.

Pero la rabia aumentó más cuando pasado el mediodía del miércoles el gobierno -a excepción de Ward- seguía sin aparecer. La situación fue advertida por el senador Evópoli Felipe Kast, quien le recomendó a Blumel, miembro de su colectividad, que lo mejor era que se presentara.

Con el paso de las horas, el titular de Interior intentó contener la molestia gremialista, que derivó en una reunión de emergencia el viernes en La Moneda. Al lugar llegó la jefa de bancada de diputados, María José Hoffmann, acompañada de otros parlamentarios. La cita, dicen quienes conocieron detalles, fue una catarsis. Le reprocharon a Blumel que la estrategia que usaron con Chadwick “fue incorrecta” y, en especial, que se le haya permitido a la oposición levantar la hipótesis de “Chadwick o Piñera”. “Pudieron haber hecho todo lo posible, pero lo que se vio, se vio mal”, comentaron los diputados.

Las tratativas para mejorar el clima entre Interior y la UDI continuarán la próxima semana. Mañana, el Presidente Piñera, ministros y parlamentarios se reunirán con Chadwick, un momento, dicen en el oficialismo, que servirá para mejorar los ánimos, mientras que el miércoles 18 Blumel llegará al Congreso para reunirse con los diputados UDI, esta vez en un almuerzo.

En el gremialismo ya tomaron como definición levantar la figura de Chadwick. Dirigentes del partido señalan que la relación con él es ahora más fuerte que nunca y nadie duda que de ahora en adelante tome un rol más importante en la colectividad. “Andrés es el militante UDI que ha llegado más lejos en cargos públicos y la injusticia de la que fue objeto fue tan grande, que no me cabe duda que la respuesta de la UDI y de él mismo a este momento va a ser seguir trabajando por Chile desde el lugar en que le toque”, dice el diputado Javier Macaya.

El dolor por la “traición”

Las cuentas nunca estuvieron a favor del ex ministro. Si el oficialismo mantuvo alguna esperanza de revertir lo inevitable, se basó más en especulaciones que en información concreta.

De hecho, hasta el martes en la mañana el gobierno no tenía un recuento exacto de cómo votarían los parlamentarios de la oposición y, en especial, aquellos que tenían alguna relación de afinidad con Chadwick, como los socialistas José Miguel Insulza y Juan Pablo Letelier, y los DC Jorge Pizarro y Carolina Goic.

Insulza había cometido un desliz. Una semana antes, durante una cena de los senadores del PS, comentó lo complejo y doloroso que era para él votar la acusación constitucional por una situación personal. Sus mejores amigos de toda la vida son la hermana y el cuñado del exministro, María Teresa Chadwick y José Antonio Viera-Gallo. Además, Andrés Chadwick, a quien conoció brevemente en el Mapu en los años 60, lo había ayudado a entrar a Chile en 1981 tras su exilio en Italia.

El comentario del senador por Arica se filtró dando la sensación de que podría votar en contra de la acusación. Pero ya tenía definido que se alinearía con el resto de su bancada.

Desde entonces, reconocería Insulza, “la presión de ambos lados” sobre él fue enorme. Se requería cambiar el voto de dos senadores de la oposición para exonerar al exministro. El único que no lo llamó fue Chadwick, tal vez, porque entendía el dilema en el que estaba el parlamentario.

El martes, día previo a la votación, durante el almuerzo de los senadores en Valparaíso, Insulza mantuvo una breve conversación con el senador PPD Ricardo Lagos Weber. Molesto porque se le sindicaba como uno de los votos claves que podrían salvar a Chadwick, el “pánzer” le comentó: “Mañana van a ver, todo lo que han escrito tendrán que comérselo”.

Letelier, en tanto, mantuvo una cercana relación con Chadwick, pues ambos representaron el mismo distrito (33) y luego la circunscripción de la Región de O’Higgins. En la UDI, incluso, recordaban el hecho de que Chadwick en 2003 había ido a visitar al entonces diputado socialista a la cárcel cuando estuvo bajo detención preventiva por el caso coimas. Por lo que también especulaban con la posibilidad de que respaldara ahora a Chadwick.

Pero nada de eso ocurrió. El martes en la noche, en el PS tenían claro que todos sus senadores votarían alineados. Lo mismo que el resto de la oposición.

La gravedad de los abusos cometidos, fundamentalmente por efectivos de Carabineros, hacía imposible para los parlamentarios opositores restarse de exigir la responsabilidad política del exministro, independiente de que Chadwick argumentara que ya había asumido parte de esa responsabilidad al verse obligado a renunciar al gabinete.