Trabajadora despedida LATAM: “soy madre soltera de una niña pequeña, vivo de allegada y somos nueve personas… solo quiero volver a trabajar”

De los 290 despidos a nivel nacional, gran parte están concentrados en Santiago y son mujeres, muchas de ellas, como el caso de nuestra denunciante: “destacábamos más que por ventas, por servicio al cliente, eficiencia, compañerismo, siempre aceptábamos las horas extras o quedarnos de encargados de turno. Desde que nos contrataron nos llamaron «la generación mejorada» debido a que fue como las «últimas contrataciones» que hizo el Jefe de Ventas anterior, según él para dejarnos como «su legado» antes de retirarse».

Es por esto que para ella “el despido fue una cachetada, siento que desde el día uno me puse la camiseta por la empresa y me sorprendió muchísimo por mí y por esta «generación mejorada». Nos echaron y nos ocupaban de modelos a seguir, nos ponían a enseñar a gente nueva, entonces yo siento que sólo les importamos para hacerles ganar plata, y ahora ya no nos necesitan y nos desechan, y es feo porque mis supervisores y compañeros siempre fueron súper agradecidos por mi disposición, y porque sabían que el turno conmigo era grato. Siempre me esforcé por ayudar, enseñar, sacar fotocopias, todo lo que fuera necesario, pues entre nosotros los trabajadores terminábamos conformando una especie de familia. Al mismo tiempo, durante todo el estallido no falté ni un solo día a la pega, cosa que recalcaban mucho mis supervisores y jefes. Entonces, incluso con todo esto, y porque siempre he dado todo de mi en el trabajo, no puedo entender que hoy esté despedida”.

Hubo varias medidas por parte de la empresa para hacer que la crisis cayera sobre los hombros de los y las trabajadoras para mantener las ganancias gerenciales intactas. Sobre esto continúa “una noche llegó un correo del sindicato. Al principio no entendí mucho, hablaban del 50% de reducción del sueldo, pero cuando llegó el momento de firmar, lo mío decía que sólo sería afectada en el 5%. Yo firmé por miedo a perder la pega, ya que en mi área se sabe de que si uno va “en contra” de la empresa es casi seguro que te echan. Luego fue lo de las vacaciones, el día 17 de abril me habla por Whatsapp mi supervisora directa, y me dice que la nueva Jefa de Ventas le estaba pidiendo que me tomara las vacaciones para Mayo, ya que «todos» se las tenían que tomar para quedar con saldo 0 el 2021. Yo le dije que yo no necesitaba hacerlo, ya que desde que entré a la empresa no me tomé nunca más de cinco días y ya tenía todo programado para este año, pues una con una hija chica se tiene que programar y no es tan fácil la cosa. El tema es que la respuesta que me dio ella fue que «no te preocupes, esas las vas a mantener porque vas a seguir acumulando días de vacaciones… Acto seguido, mi jefa directa me llama a moco tendido, me dijo que le daba pena porque sabía que yo quería una casa para mi y mi hija, y estaba ahorrando para ello. Y sí, mi proyecto, mis sueños, todo lo por lo que me esforcé durante más de dos años, se esfumaron en cinco minutos de llamada telefónica”.

“Me acostumbré a trabajar con miedo”

Al igual que en varias empresas, el área de atención al cliente o ventas, suele ser una pega no sólo estresante, sino también, de mucha exposición. Contrario a lo que se podría esperar de la empresa de la familia Cueto, el clan millonario que tiene como patrimonio una fortuna de US$3.000 millones y ligada a los Piñera, la denunciante afirma que “teníamos muchísimos incidentes violentos donde no se tomó ninguna medida de seguridad nunca. Por ejemplo, un día empecé a trabajar a las 5:40 de la mañana con un pasajero que estaba enchuchado porque llegó tarde a entregar la maleta y no se la aceptaron, el tipo tuvo la audacia de tomarla y tirármela encima, si no fuese por mi colega me llega directamente a la cara, yo no me había percatado porque pensé que se había agachado a buscar un documento y “PAF” me tira la maleta y se fue a subir al avión… ¡Se subió y voló sin ninguna consecuencia! Aunque, en realidad no, sí hubo consecuencia, y fue traumar a una mujer”.

Continúa con este crudo relato contando que “otra vez tuve turno noche con otra compañera, y tuvimos un pasajero disruptivo, ¡el tipo se tiró a pegarle! Tuve que agarrar a mi compañera y tirarla para atrás para que no le pegase. Para reducirlo le pidieron ayuda a un cabro que ni guardia era. ¿Y los supervisores? No había ninguno, ni un guardia, ni carabineros, nada para resguardar a sus trabajadoras. Ese turno lo tuvimos que terminar con descansos para llorar entremedio, teníamos pura frustración, me acuerdo y me da rabia, pena, aparte que después de informar a uno de nuestros supervisores nos pusieron a un psicólogo de la ACHS. Nos entrevistó una pura vez, nos pidió el teléfono a ambas y nos mandó un mensaje una semana después, de que no me podía ayudar porque le dije que tenía miedo de que hombres, el que fuera, me fuese a pegar. Me dijo que no tenía que ver con la pega, y yo le dije que ese miedo partió con el incidente con el usuario que nos fue a pegar. Simplemente, me dejó de hablar, y a la semana siguiente vi que estaba mirando mis fotos en RRSS. Esa compañera no volvió más”.

Para finalizar nos comenta que “yo me acostumbré a trabajar con miedo, porque nunca nos pusieron medidas de seguridad para resguardar nuestra integridad, siendo la mayoría mujeres, cada reclamo se lo tomaban como talla y una iba acostumbrándose a callar por temor a algún posible despido; pero, no solo a eso, por ejemplo los supervisores nos recomendaban siempre ocultar cosas, ahora yo pienso y cuando recién llegué a la empresa mi hija tenía menos de dos años, y realmente nunca me metí en estas cosas de los derechos sindicales, simplemente iba a trabajar y dar todo de mí. El asunto es que el tema salió un par de veces en conversación con supervisores, de que si a mí me correspondían beneficios por maternidad, por ejemplo, fuero o turno especial, pero me sugirieron no decir nada para no ser vista como «conflictiva» y quedarme estable con la pega no más. Ahora me pregunto, ¿de qué sirvió, si apenas pudieron me echaron porque era “barata” para la empresa producto del COVID-19? Te imaginas lo difícil que es hoy, con la pandemia a cuestas, estar sin trabajo… Yo lo único que pido es lo que merezco, ser reincorporada para volver a trabajar”.